Sociedad
El primer pogo en homenaje al Indio fue en la Patagonia
El sábado 6 de junio a las 21,20 se encendieron las luces y comenzó una ceremonia cargada de simbolismo
Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado tocaron horas después de conocerse su muerte. Entre seis y siete mil personas convirtieron el Predio Ferial de Comodoro Rivadavia en un santuario ricotero bajo el cielo patagónico.
Hubo algo de destino en que fuera Chubut. Comodoro Rivadavia, esa ciudad del viento y el petróleo que aprendió hace décadas a abrazar el rock como propio, se convirtió anoche en el primer escenario del duelo colectivo por la muerte de Carlos «Indio» Solari. Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado —su banda, la que él mismo eligió para seguir conectándose con el mundo después de Los Redondos— subieron al escenario horas después de conocerse la noticia y ofrecieron un show que ya es historia del rock argentino.
Entre seis y siete mil personas llegaron al Predio Ferial. Vinieron con banderas, con remeras, con lágrimas guardadas. Nadie se quedó en casa. La Patagonia entera pareció comprender que algo irrepetible estaba por ocurrir a pocas horas de la noticia más triste del rock nacional.
A las 21:20 se encendieron las luces. Los músicos salieron abrazados, visiblemente quebrados, y desde el público bajó un canto que no paró en toda la noche: «Indio, Indio, Indio». Una ovación que duró minutos y que transformó la ausencia en algo parecido a la presencia.
El repertorio fue un viaje por décadas de canciones que marcaron generaciones. «Rock para el Negro Atila», «Preso en mi ciudad», «Vencedores Vencidos», «La hija del fletero», «Todo un palo». Cada estrofa cantada a coro, cada silencio respetado como si fuera sagrado. Luciana Palacios interpretó «Ya nadie va a escuchar tu remera» —una canción sobre lo efímero, sobre las despedidas— y el predio entero contuvo el aliento.
El cierre llegó con «Mariposa Pontiac» y después, inevitablemente, «Ji Ji Ji». Miles de personas saltando al mismo tiempo bajo el frío patagónico, compartiendo algo que no tiene nombre exacto: dolor, gratitud, amor, memoria. Un pogo que pareció llegar hasta el cielo.
Comodoro Rivadavia quedó marcada. Fue la primera ciudad en despedirlo, en demostrar que las leyendas no mueren cuando dejan de respirar. Mueren, si acaso, cuando nadie las canta. Y anoche, en la Patagonia, miles de voces se encargaron de que eso no ocurra.
Foto: Martín Levicoy