Judiciales
Sus hijos lo llamaban abuelo: la Justicia le reconoció la hija que él nunca quiso registrar
Una mujer del Alto Valle que durante más de treinta años no tuvo padre en su documento logró que la Justicia de Cipolletti reconociera el vínculo, luego de que un análisis de ADN confirmara con casi total certeza que era hija del hombre fallecido en 2022.
Nació en el Alto Valle de Río Negro en 1993 sin el nombre de su padre en el acta de nacimiento. Él se había negado. Décadas después, cuando ella ya era adulta y tenía sus propios hijos, la Justicia de Cipolletti le dio lo que él no quiso darle: su lugar en la historia familiar.
Fue su madre quien le contó que ese hombre era su padre. Cuando llegó la adolescencia, ella decidió buscarlo. Él no la rechazó. Al contrario: la recibió, la incorporó a su vida cotidiana, compartieron reuniones de familia. Sus propios hijos —los nietos que él nunca reconoció formalmente— aprendieron a llamarlo abuelo.
Pero el tiempo pasó y el reconocimiento oficial nunca llegó. En 2022, el hombre murió en el Alto Valle. Se fue sin haber firmado nada, sin haber dado ese paso. Y ella quedó, otra vez, con una historia real y un papel que no la nombraba.
Entonces decidió ir a la Justicia.
Como el hombre ya no estaba, la acción fue contra quienes heredaron sus bienes. El caso quedó en manos de un juez civil de Cipolletti, que ordenó algo concreto: un análisis de ADN. Se tomaron muestras de ella, de su madre y de una hija del fallecido —la hermana que quizás nunca supo que tenía.
El resultado fue casi absoluto: 99,99957% de probabilidad de que fueran hermanas por parte de padre. No había margen para la duda.
Hubo un obstáculo. Uno de los herederos no aparecía, así que el tribunal designó un representante legal para ese ausente. Ese representante cuestionó el estudio porque a su cliente no se le había tomado muestra. El laboratorio respondió: aunque se lo hiciera, las conclusiones no cambiarían. El cuestionamiento cayó solo.
El juez leyó los resultados, leyó la historia, y firmó la sentencia: ella es hija de ese hombre. Ordenó que el Registro Civil corrija su acta de nacimiento y anote la filiación que faltaba desde siempre.
Ella pidió una sola cosa: conservar su apellido. El que usó toda la vida. El juez lo respetó.