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“Mi hijo me pregunta cuándo vuelvo”: las vidas detrás del VMOS

Detrás de las máquinas, los caños y las cifras millonarias del proyecto Vaca Muerta Oil Sur hay familias separadas, jornadas extremas y trabajadores que apuestan su presente a una obra que promete cambiar el futuro de Río Negro.

El viento pega fuerte en el campamento del PK 327. La tierra se mete en los ojos, en la ropa y en los silencios. Son las seis de la mañana y mientras algunos trabajadores terminan el turno nocturno, otros empiezan una jornada que puede extenderse más de doce horas en medio del desierto rionegrino.

A cientos de kilómetros de distancia, en Viedma, un chico espera la videollamada de su papá antes de irse a dormir.

“Mi hijo siempre me pregunta cuándo vuelvo”, cuenta Jorge Sbrinzer, uno de los trabajadores que hoy forma parte del proyecto Vaca Muerta Oil Sur (VMOS), la megaobra energética que busca conectar la producción petrolera de Vaca Muerta con Punta Colorada para exportar crudo al mundo.

Como él, miles de personas dejaron rutinas, hogares y familias para sumarse a una obra que ya cambió el ritmo económico y social de Río Negro.

El sacrificio detrás de las máquinas

Desde afuera, el VMOS se mide en kilómetros de oleoducto, millones de dólares e impacto energético. Pero adentro del campamento la realidad tiene otro peso: el cansancio acumulado, las semanas lejos de casa y la incertidumbre de quienes encontraron en la obra una oportunidad que no podían dejar pasar.

 

Jorge trabaja en mantenimiento general. Su tarea parece simple hasta que llega el invierno patagónico o el viento convierte cualquier arreglo en una pelea contra el clima. Aun así, asegura que el empleo le devolvió estabilidad en un momento donde conseguir trabajo fijo parecía imposible.

“Uno hace el esfuerzo por la familia”, resume.

Esa frase se repite en los pasillos del obrador.

También la entiende Soledad Fernández, oficial civil especializada y una de las mujeres que logró abrirse camino en un ambiente históricamente dominado por hombres. Entre herramientas, estructuras metálicas y jornadas intensas, encontró algo más que un sueldo: una oportunidad de crecimiento.

“Demostramos que podemos hacer el mismo trabajo”, asegura.

Un campamento que nunca duerme

El movimiento en la obra no se detiene. Cocineros, choferes, técnicos, soldadores y personal de limpieza sostienen una estructura que funciona las 24 horas.

Mientras algunos descansan en trailers modulares, otros organizan maquinaria o preparan comida para cientos de operarios. El campamento parece una pequeña ciudad improvisada en medio de la nada.

Y alrededor de esa ciudad comenzaron a crecer otras historias.

En Sierra Grande, Las Grutas y San Antonio Oeste aumentó la demanda de alojamiento, transporte y servicios. Comercios que antes trabajaban por temporadas ahora tienen movimiento constante. Hoteles llenos, proveedores nuevos y pequeñas empresas que encontraron en el VMOS una posibilidad inesperada.

La obra que promete cambiar Río Negro

El oleoducto tendrá más de 430 kilómetros y es considerado uno de los proyectos energéticos más importantes del país. El objetivo es convertir a Río Negro en una puerta estratégica para exportar petróleo desde la costa atlántica.

Pero mientras los discursos hablan de inversiones millonarias y desarrollo económico, en los campamentos el futuro se mide de otra manera: en días trabajados, contratos renovados y mensajes de WhatsApp enviados antes de dormir.

Porque detrás de cada tramo del VMOS hay personas intentando construir algo más que un oleoducto.

Hay familias apostando a un futuro mejor.

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