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El Indio Solari y Río Negro: las historias familiares que marcaron su memoria
Parte de la historia que moldeó el universo personal del artista más influyente del rock argentino comenzó en Río Colorado y continuó en Choele Choel
La Patagonia que habitó Carlos «El Indio» Solari no fue la de los escenarios multitudinarios ni la de los viajes de músico consagrado. Fue una Patagonia heredada, construida a través de los relatos familiares que escuchó desde chico y que décadas después decidió rescatar en sus memorias.
Tras la muerte del líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, ocurrida este 5 de junio, esos recuerdos adquieren una dimensión especial para Río Negro. Porque parte de la historia que moldeó el universo personal del artista más influyente del rock argentino comenzó en Río Colorado y continuó en Choele Choel.
En su libro Recuerdos que mienten un poco, Solari reconstruyó la vida de su madre, Celina Estelita Solari, conocida por todos como Chicha. A través de ella aparece una Patagonia lejana en el tiempo, de pueblos pequeños, calles de tierra, iluminación a gas de carburo y una vida marcada por la fuerza de la naturaleza.
Chicha era hija de Santiago Choy, descendiente de inmigrantes provenientes de los Bajos Pirineos. Tras quedar huérfana de madre a temprana edad, fue criada por sus padrinos y pasó su infancia en Río Colorado, donde las crecidas del río formaban parte de la vida cotidiana.
Uno de los relatos que más impresionó al propio Solari fue el de una gran inundación que obligó a los vecinos a abandonar sus hogares. Según recordaba su madre, durante más de un mes muchas familias encontraron refugio en vagones de tren mientras el agua avanzaba sobre el pueblo.
La imagen quedó grabada en la memoria familiar: animales arrastrados por la corriente, vecinos ayudándose entre sí y una comunidad entera enfrentando la emergencia en condiciones que hoy parecen impensadas.
Para el músico, aquellas experiencias describían una auténtica vida de frontera, en una región donde la distancia, el aislamiento y la naturaleza imponían sus propias reglas.
Años más tarde, cuando Chicha tenía alrededor de cuatro años, la familia se trasladó a Choele Choel. Allí su padre adquirió un hotel que se transformó en un punto de encuentro para viajeros, comerciantes y compañías teatrales que recorrían el interior del país.
Por ese establecimiento pasaron artistas que con el tiempo se convertirían en figuras reconocidas del espectáculo argentino, entre ellos la actriz y el actor .
Fue en ese escenario inesperado donde Chicha descubrió una temprana inclinación artística. Según relató Solari, siendo apenas una niña improvisó una pequeña actuación frente a los huéspedes del hotel y recibió los aplausos de los artistas presentes. Aquella escena quedó para siempre entre las anécdotas familiares.
La relación del Indio con Río Negro no quedó limitada a esos relatos. Durante su juventud viajó junto a su madre a Río Colorado para asistir al funeral de quien había sido una figura fundamental en la vida de Chicha.
En sus memorias recordó aquel viaje en tren con una mezcla de humor y nostalgia. Contó que descubrió el coche bar durante el trayecto, pero sobre todo destacó el afecto con el que fueron recibidos por los habitantes del pueblo, que todavía conservaban vivos los lazos con su familia.
Décadas después, todas esas historias encontraron lugar en sus escritos. No aparecieron como simples recuerdos familiares, sino como parte de una identidad construida a partir de voces, paisajes y experiencias heredadas.
Por eso, mientras miles de seguidores despiden a una de las figuras más importantes de la cultura argentina, Río Negro y toda la Patagonia también encuentra un espacio propio en esa despedida. No porque haya sido escenario de los grandes conciertos del Indio, sino porque entre las calles de Río Colorado, los hoteles de Choele Choel y las historias de una Patagonia que ya no existe se encuentran algunas de las raíces más profundas de la memoria familiar que ayudó a formar al artista.