Judiciales
Debe 19 millones de pesos: le prohibieron entrenar, manejar y salir del país.
Una jueza de Bariloche combinó restricciones civiles y patrimoniales para forzar el pago de una deuda alimentaria que supera los 19 millones de pesos.
El club deportivo de Bariloche lo conocía como un socio habitual. Llegaba, entrenaba, se cruzaba con otros socios, hacía su vida deportiva como cualquiera. Lo que no se veía desde las gradas era la deuda que cargaba afuera: más de 19 millones de pesos en cuota alimentaria impaga para su hijo.
Esa contradicción —la rutina deportiva de un lado, el abandono económico del otro— fue justamente lo que terminó pesando en el expediente. Una jueza de Familia de Bariloche decidió que no podía seguir entrenando tranquilo mientras la deuda seguía firme y sin pagar.
La historia empezó mucho antes, con una madre que durante años sostuvo sola la crianza de su hijo. Pagó la comida, la salud, la educación. Esperó depósitos que rara vez llegaban. Cuando hizo la cuenta final, el número la superó: 19,6 millones de pesos de deuda acumulada.
La jueza fue a buscar pruebas concretas. Revisó la cuenta judicial donde deberían entrar los aportes del padre. El saldo: cero. En todo el expediente, apenas apareció un comprobante de 170 mil pesos. Nada más.
Después llegó el dato que cerró cualquier excusa posible. Un informe de ANSES mostró que el hombre tenía trabajo e ingresos. No era que no podía pagar: simplemente no pagaba.
Para la magistrada, ahí había algo más que una deuda. Sostuvo que el incumplimiento sostenido funciona como una forma de violencia económica, contra la mujer que asumió sola los gastos y contra el chico que necesitaba ese dinero para vivir.
La respuesta judicial no se quedó en una advertencia. Le prohibieron la entrada al club. Lo sumaron al Registro de Deudores Alimentarios de Río Negro. Le retuvieron la licencia de conducir y le impidieron salir del país.
Ninguna de las restricciones es para siempre. El día que regularice la deuda —o demuestre que la está pagando—, todo puede levantarse. Hasta entonces, la puerta del club sigue cerrada.