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La ganadería ovina no murió: la Patagonia responde
Las federaciones de sociedades rurales de Chubut, Río Negro y Santa Cruz emitieron esta semana un documento conjunto en rechazo a un reportaje de alcance nacional que equiparó la ganadería ovina patagónica con «oficios extintos de la época colonial», como los vendedores de velas. El texto apunta directamente contra Emiliano Donadío, director científico de la fundación Rewilding Argentina, quien lidera un proyecto de restauración de grandes carnívoros en la meseta santacruceña con financiamiento internacional.
Comunicado completo de las sociedades rurales

Para las entidades rurales, la comparación no solo es inexacta sino políticamente peligrosa. Los números que citan son contundentes: según estadísticas oficiales de marzo de 2025, Chubut mantiene un stock cercano a los 3 millones de ovinos y Santa Cruz supera los 2 millones de cabezas. En conjunto, la región sostiene una estructura productiva que genera exportaciones de lana y carne, financia escuelas rurales y mantiene caminos en zonas donde el Estado hace tiempo que no aparece.
La disputa no es nueva, pero se intensificó con la publicación del artículo que describió la meseta santacruceña como un territorio que «vuelve a ser salvaje», presentando el abandono de estancias como una forma de revancha de la naturaleza.
Para los productores, ese relato romantiza un proceso que tiene causas concretas: abigeato, depredación sin control, rutas intransitables y ausencia de políticas públicas que sostengan la rentabilidad.
Enrique Jamieson, presidente de la Federación de Instituciones Agropecuarias de Santa Cruz, fue claro al respecto: el problema no es la actividad en sí, sino la acumulación de decisiones erróneas y la falta de políticas serias. Según Jamieson, la ganadería desapareció en varios puntos del entorno de parques nacionales no por razones ecológicas, sino por el crecimiento descontrolado de la población de guanacos y la inacción del Estado frente al avance de predadores.
Del otro lado, los impulsores del Rewilding sostienen que buena parte de esos campos ya estaban abandonados antes de que llegaran los proyectos de conservación, muchos de ellos desde la erupción del volcán Hudson en 1991. Sofía Heinonen, presidenta de Rewilding Argentina, argumentó en declaraciones previas que la fundación no reemplaza producción sino que «trae una nueva actividad a la región», apostando al turismo como motor alternativo. El debate sobre si esa apuesta genera empleo real en los pueblos chicos sigue abierto.
Lo que está en juego es algo más profundo que un debate técnico entre ganaderos y ambientalistas. Las federaciones advierten que el abandono de los campos no es solo una pérdida económica: es un riesgo para la ocupación territorial de una región estratégica. Sin productores que habiten la meseta, el interior patagónico pierde presencia humana, y con ella, soberanía efectiva. La demanda del sector es concreta: control del abigeato, manejo de fauna silvestre y políticas de arraigo que hagan viable quedarse. Sin eso, dicen, cualquier debate sobre el futuro de la Patagonia se discute sin sus habitantes.
Foto: La Nación