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Un nene pateó a la enfermera para que no lo vacunara y la dejó con secuelas permanentes
Una enfermera del Hospital de Viedma pateada durante una vacunación obtuvo justicia años después: la Cámara Laboral reconoció sus secuelas permanentes y condenó a la aseguradora que las había minimizado.
Estaba haciendo su trabajo. Tenía una jeringa en la mano y un niño delante. No esperaba nada distinto a una jornada más en el Hospital de Viedma.
Entonces llegó la patada.
El golpe la alcanzó en el hombro derecho. No fue un accidente menor. Lo que siguió fue una cadena que la enfermera no eligió: médicos, estudios, tratamientos que no alcanzaban, una cirugía, y el dolor que persistía igual, sordo, constante, instalado en su cuerpo como un inquilino que no se iba.
Volvió a trabajar. Pero ya no era lo mismo.
El hombro seguía limitado. Las actividades que antes hacía sin pensar —sociales, recreativas, cotidianas— se fueron volviendo difíciles. Y junto al dolor físico apareció otro, menos visible: un cuadro ansioso-depresivo que los peritos describieron como directamente asociado a lo que le había pasado.
La ART reconoció el accidente. Eso, al menos. Pero cuando llegó el momento de evaluar el daño real, la Comisión Médica determinó un porcentaje de incapacidad que a la trabajadora le resultó insuficiente. La aseguradora sostuvo que había cumplido. Que las prestaciones médicas se habían otorgado hasta el alta. Que el caso estaba cerrado.
La enfermera decidió que no.
Recurrió a la Justicia. El proceso incluyó dos pericias independientes: una médica, otra psiquiátrica. Ambas apuntaron en la misma dirección. La primera confirmó que el hombro seguía con dolor y movilidad reducida pese a los tratamientos y la operación. La segunda puso en palabras lo que no aparecía en las radiografías: el daño psíquico era real, verificable, y tenía una causa directa en aquel golpe recibido mientras vacunaba a un niño.
La Cámara Laboral de Río Negro analizó los informes y no encontró razones para apartarse de sus conclusiones. Los consideró consistentes, fundados, respaldados por las constancias del expediente.
El fallo fue claro: incapacidad laboral parcial y permanente. Y una condena para Horizonte Compañía Argentina de Seguros Generales S.A., obligada a pagar lo que durante años había negado.
Una patada. Años de dolor. Y al final, una sentencia que dijo lo que la trabajadora sabía desde el primer día.